El tai-chi es una sucesión de movimientos corporales enlazados y armónicos, lentos y suaves que, coordinados con la respiración, ayudan a quien los practica a mejorar la salud y fortalecer su sistema inmunitario. En definitiva, es un sistema para el desarrollo de la personalidad, tanto en el aspecto físico como psíquico y emocional, que desarrolla la flexibilidad y la sensibilidad y proporciona una sensación de vitalidad y de equilibrio tan poderosos que uno percibe que fluye plácidamente con la vida, sin dejarse arrastrar por ella. Existen cinco maneras principales de realizar el tai-chi. La forma más practicada en Occidente es la Yang, estilo rítmico ejecutado como una serie lenta de posturas que forman parte de un ejercicio largo y fluido. La versión de "forma breve" consta de 24 movimientos y se hace en un tiempo que oscila entre 5 y 10 minutos; la "forma larga", de 108 movimientos, requiere de 20 a 40 minutos. Las secuencias, como la que se describe en el recuadro inferior, tienen nombres simbólicos: "la serpiente que se arrastra hasta el agua", "la cigüeña que refresca las alas"... Listos para danzar:
El tai-chi abarca en su práctica y correcta ejecución principalmente los siguientes aspectos: control del cuerpo (postura y equilibrio); control del corazón (mente y concentración); y control de la respiración (pulmón y diafragma). Pero para lograr estos objetivos se debe practicar en la más absoluta tranquilidad y en un espacio al aire libre y agradable. También es conveniente vestir ropas holgadas para poder adoptar la postura correcta, conseguir que los movimientos sean suaves y circulares, coordinar las distintas partes del cuerpo y acentuar al máximo su expresividad.
Además, hay que lograr una alternancia adecuada entre carga y descarga del peso del cuerpo.
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