Sabemos que después de los cuarenta años, y sobre todo durante la menopausia, la piel del cuerpo y más aún la de la cara comienza a verse menos fresca y vital. Esto se debe al aumento de transpiración que se produce naturalmente en este período y que hace perder al organismo una cantidad importante de vitaminas y minerales, y a la disminución de las hormonas femeninas: los estrógenos. Pasado el período de la menopausia, el colágeno (una proteína natural que da sostén a los tejidos) también disminuye hasta un 2 % por año y un 30 % a partir del quinto año. Si bien la solución apropiada para cada caso en particular debe recomendarla un dermatólogo, podemos aconsejarle limpiar bien su cara cada mañana y cada noche y aplicar, luego, una crema nutritiva que aporte las vitaminas y los minerales perdidos. Además, cada semana deberá exfoliar su piel con una crema pulidora muy suave e hidratarla en profundidad, preferentemente con una fórmula que incluya entre sus principios activos un porcentaje de colágeno y elastina.
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